COMENTARIO

 Na 1,2-3 

«Un Dios celoso y vengador». Con frecuencia Dios es definido como «Dios celoso y misericordioso» (cfr Ex 20,5; 34,14) poniendo de relieve que en la retribución tan importante es la justicia como la misericordia. En el himno de Nahum, se subraya más la severidad del juicio con términos que al hombre de hoy le pueden resultar duros. Pero hay que tener en cuenta que la raíz hebrea que traducimos por «venganza, vengar, vengador», aplicada con frecuencia al Señor (Sal 58,11; Is 34,8; 61,2), no puede entenderse a la luz de la conducta humana. Propiamente equivale a «restaurar el derecho quebrantado», o también «reivindicar el derecho», y por tanto indica equidad en el juicio, si bien éste será inexorable.

«Lento a la ira». Esta fórmula tan gráfica de la ternura divina es frecuente en los libros del Pentateuco y de los Salmos (cfr Ex 34,6; Nm 14,18; Sal 86,15; 103,8; 145,8), mientras que en los profetas está ausente. Nahum recurre a las expresiones más tradicionales probablemente para poner de manifiesto que el castigo severo de Nínive no empaña la misericordia divina. Como han formulado los grandes teólogos, en Dios todas las cualidades forman una unidad: «En Dios el poder y la esencia, la voluntad y la inteligencia, la sabiduría y la justicia son una sola cosa, de suerte que nada puede haber en el poder divino que no pueda estar en la justa voluntad de Dios o en su sabia inteligencia» (S. Tomás de Aquino, Suma theologiae 1,25,5, ad 1).

«Camina en la tempestad». El profeta reafirma la presencia sobrecogedora del Señor con palabras tomadas de la teofanía del Sinaí (cfr Ex 19,16). De este modo confiesa la soberanía divina sobre toda la creación.

Volver a Na 1,2-3