COMENTARIO

 Na 2,3 

«La majestad de Jacob». El profeta explica que la destrucción de Nínive, que se creía ella misma la ciudad más excelsa, tiene como objeto la restauración de Israel que alcanzará la majestad y la gloria que le pertenecen como pueblo elegido. Se aplican a Judá los nombres gloriosos del antiguo patriarca, «Jacob» e «Israel», cuando el reino del Norte, Israel, ya había desaparecido. Con esta aclaración los aspectos más brutales de la descripción del asalto de Nínive han de entenderse como un modo de reflejar la predilección de Dios por los suyos, como canta el salmista: «Pues su brazo no les dio la victoria, sino tu diestra, tu brazo y la luz de tu rostro, porque te complacías en ellos» (Sal 44,4).

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