COMENTARIO
La lamentación por la muerte del rey de Asiria nada tiene que ver con las elegías sinceras que solían entonarse por los difuntos importantes, por ejemplo, la que tributó David a Jonatán (cfr 2 S 1,19-27). Es más bien una sátira poética, breve pero incisiva: el rey asirio muere por desidia y abandono de los suyos, y se convierte en el hazmerreír de sus enemigos. A Israel le ha de servir como escarmiento para no desviarse, y como señal de la protección divina. Sólo Él le ha librado de sus enemigos.