COMENTARIO

 Ha 1,5-11 

El Señor responde al profeta diciéndole simplemente que Él sí actúa: no tiene más que mirar (v. 5). Lo que tiene que mirar es el poder de los caldeos, un pueblo que ha sido suscitado por el mismo Señor (v. 6). De este pueblo se enfatizan su crueldad y su eficacia en la guerra (vv. 6-9), su poderío (v. 10) y su orgullo (v. 11). La historia posterior mostrará cómo los caldeos destrozaron Judá y lo condujeron a la deportación en Babilonia el 587 a.C. Lo que no declara el pasaje es si vienen como instrumentos de Dios para resolver la situación o son sólo instrumento de purificación y castigo por los pecados. El profeta (cfr 1,12-2,1) tampoco parece ver qué solución ofrece esta primera respuesta divina, pero está claro para todos el dominio del Señor sobre la historia, resaltado desde el v. 5. Éste es el sentido del texto que recogió San Pablo en su predicación en Antioquía de Pisidia (cfr Hch 13,41) cuando advirtió a aquellos hombres que no despreciaran la gracia que se les ofrecía, pues el Señor había realizado lo más inaudito —la resurrección de Jesucristo, y con ella la justificación— desde lo más inconcebible: la muerte ignominiosa.

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