COMENTARIO

 Ha 2,5-20 

Estos versículos parecen el contenido de la visión de Habacuc (cfr 2,2-3). Es un conjunto de oráculos bien construido, en el que, tras un exordio (vv. 5-6), se proclaman cinco «imprecaciones» contra el culpable. Todas están estructuradas de manera semejante: al «¡Ay!» inicial le siguen un calificativo que designa al personaje imprecado y, normalmente, la razón del castigo. Al final (v. 20) se proclaman, por contraste, la santidad y la trascendencia del Señor, dueño del orbe y de la historia.

Las faltas que se condenan —robo, violencia e idolatría— son faltas morales de las personas, pero el contexto parece que las aplica a las obras del pueblo invasor, a los caldeos. De ahí la dificultad a la hora de identificar al destinatario del oráculo: ¿es el pueblo opresor, o los judíos pervertidos empezando por el rey? El texto no es claro, pero con esa ambigüedad sí afirma que las faltas de los pueblos no dejan de ser faltas morales de las personas. San Jerónimo lo explica también así: «Todo lo que decimos de Babilonia y de Nabucodonosor, lo podemos decir del mundo, o del diablo, que es en verdad arrogante y soberbio, creyéndose algo, pero sin conseguir que nada llegue a su fin» (Commentarii in Abacuc 2,5).

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