COMENTARIO

 Ha 2,12-20 

Las imprecaciones tercera y cuarta (vv. 12-14 y 15-18) se refieren a la violencia. Al ir a continuación de las que se refieren a la avaricia, la conclusión del lector es que la avaricia lleva aparejada la violencia. Pero, como antes, el oráculo no es una mera denuncia, sino la proclamación, común a los profetas, del señorío de Dios sobre todas las cosas: no pasa nada que Él no sepa (v. 13, cfr Jr 51,58; v. 14; cfr Is 11,9), ninguna injusticia quedará sin reparar (v. 16).

El v. 18, al final de la cuarta diatriba, parece una introducción a la quinta (vv. 19-20), que versa sobre la idolatría. La prueba de que las cosas cambiarán, y serán como dice el profeta, está en que aquellos hombres, injustos en el fondo, veneran a idolillos, que no son sino un trozo de madera o de metal, sin ningún principio de vida. En cambio, su Dios es el Señor dueño de toda la tierra que impondrá justicia y silencio ante su sentencia.

El v. 20 viene a ser como la conclusión de los cinco «¡ayes!». Es muy parecido a Za 2,17 y tiene eco en Ap 8,1. El silencio, signo de máximo respeto, precede, a veces, a la palabra de Dios (cfr Sal 76,9; Sb 18,14; Is 41,1; Lm 3,26; So 1,7).

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