COMENTARIO

 Ha 3,1-2 

Un versículo redaccional (v. 1) y otro de preludio (v. 2) dan paso al salmo épico que sigue. Con todo, el v. 2 recoge una descripción de la majestad de Dios, un Dios poderoso en obras y en palabras, al que hay que temer. Pero, en su poder, es un Dios misericordioso; por eso el profeta le pide que se manifieste como poderoso soberano, una vez más, a favor de su pueblo. Tal declaración de majestad no podía pasar desapercibida en la tradición. San Beda, cuando comenta este salmo (Expositio in canticum Abacuc prophetae), se asombra ante la grandeza de Dios que se descubre en la Encarnación del Hijo. San Agustín, en cambio, cita el texto según la versión latina para explicar el asombro del hombre ante el universo, obra de Dios: «Si osamos contemplar todas las cosas con una sola mirada panorámica, ¿no viene a nosotros lo que dice el profeta: Consideré tus obras y quedé espantado?» (Enarrationes in Psalmos 118,27,1).

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