COMENTARIO

 Ha 3,3-15 

Constituye, como hemos dicho, un salmo épico y las anotaciones del pasaje (vv. 1.3.9.13) indican un uso litúrgico en el culto del Antiguo Testamento. La teofanía está descrita en los términos grandiosos de las expresiones del éxodo, de la epopeya del Sinaí y de la conquista de la tierra. Sin embargo, no es fácil descubrir un orden cronológico. «Temán» y «Parán» (v. 3) designan respectivamente a la región de Edom y a un monte del macizo del Sinaí (cfr Dt 33,2). «Cusán» y «Madián» (v. 7) estaban situados al noroeste de Arabia; los Jueces Otniel y Gedeón vencieron a estos pueblos (cfr Jc 3,9-11; 7,1-25). Muchas expresiones, como abrir «camino en el mar» (v. 15), o que se paren «sol y luna» (v. 11), etc., evocan sin duda las acciones de Dios por las que el pueblo fue «salvado» (v. 13), es decir, liberado de la esclavitud y hecho dueño de la tierra prometida. Sin embargo, estas evocaciones están al servicio de la teofanía, de la manifestación de Dios en la historia de los hombres, como un fuerte guerrero, y como soberano del cosmos y de las fuerzas de la naturaleza. Obviamente, estas descripciones con las que se quiere expresar las teofanías ofrecen un buen argumento para explicar nuestra capacidad de hablar de Dios: «Que Dios, que llena todo con su gloria, es omnipotente, lo confiesa en voz alta cualquier hombre y lo testimonia el profeta: su gloria cubre los cielos (v. 3) (…). Sabemos que existe un Dios, y sabemos también lo que no es Dios, pero aquello que es Dios y cómo es Dios no podemos saberlo. Pero, como Él ha tenido tan grandes muestras de bondad y de indulgente misericordia con nosotros haciéndonos conocer alguna cosa de Él, nos es dado comprender a través de esos beneficios que Él existe» (S. Jerónimo, Commentarii in Isaiam 6,1-7).

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