COMENTARIO

 So 1,2-3 

La amenaza de destrucción universal es debida a la maldad humana. La descripción, muy breve, guarda cierto paralelismo con el relato que precede al diluvio universal (Gn 6,5-7,24). El pecado despoja al hombre de su dominio sobre las demás criaturas de la tierra (Gn 1,26) y éstas quedan también asociadas a su castigo, pues «existe una solidaridad entre todas las criaturas por el hecho de que todas tienen el mismo Creador, y que todas están ordenadas a su gloria» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 344). Por esta solidaridad el pecado de cada uno repercute en los demás y en la creación entera. «Se puede hablar de una comunión del pecado, por el que un alma que se abaja por el pecado abaja consigo a la Iglesia y, en cierto modo, al mundo entero» (S. Juan Pablo II, Reconciliatio et poenitentia, n. 16). De ahí que esta realidad deba constituir un estímulo a sentir la responsabilidad de la comunión de los santos, «merced a la cual se ha podido decir que “toda alma que se eleva, eleva al mundo”» (ibidem).

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