COMENTARIO
El Señor hará desaparecer de Judá todas las idolatrías. Se mencionan tres cultos idolátricos. «Baal» es el nombre del dios cananeo, adorado por los fenicios y repetidamente condenado en la Biblia. El «ejército de los cielos» se refiere probablemente a los astros que eran objeto de culto en los pueblos de Mesopotamia; el libro de los Reyes nos habla de que el rey impío Manasés les había edificado altares (2 R 21,5) que más tarde destruyó Josías, el rey piadoso (2 R 23,12-13). «Malcam», o Milcom, era el dios de los amonitas, pueblo que habitaba al este del Jordán. Finalmente, también se tiene como idolatría el abandono del Señor (v. 6). El pasaje encaja bien en los comienzos del ministerio profético de Sofonías (hacia el año 640), antes de la reforma del rey Josías (año 622), cuando aún perduraba el sincretismo religioso producido por la introducción de cultos extranjeros en Judá durante los reinados de Manasés (698-642) y de Amón (641-640). Pero, más allá de la significación puntual, el pasaje explica con claridad la dimensión religiosa del ser humano que, cuando se olvida del Dios verdadero, acaba por servir a los ídolos: «En su comportamiento religioso, los hombres muestran también límites y errores que desfiguran en ellos la imagen de Dios: “Con demasiada frecuencia los hombres, engañados por el Maligno, se pusieron a razonar como personas vacías y cambiaron el Dios verdadero por un ídolo falso, sirviendo a las criaturas en vez de al Creador. Otras veces, viviendo y muriendo sin Dios en este mundo, están expuestos a la desesperación más radical” (LG 16)» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 844).