COMENTARIO
La estrofa es de un dramatismo impresionante. El lenguaje es aquí más apocalíptico y la visión más universal. El día del Señor (v. 14, cfr v. 7) se caracterizará por amargura, gritos, angustia, ruina, oscuridad y tinieblas, estruendo de trompetas, etc. (vv. 14-16). Siete veces se repite la palabra «día», acompañada de algún rasgo de calamidad, como si el profeta quisiera expresar la obra de la destrucción de Dios, contrapuesta a la de la creación (Gn 1,3-2,3). Es más, si en Gn 1,31-2,3 vio Dios que era bueno cuanto había hecho y lo bendijo, aquí (v. 18) Dios —parece decir el poema— acabará, en un solo día, «con todos los habitantes» de la tierra.
La presente estrofa del Dies irae ha tenido enorme eco en la liturgia de difuntos de la Iglesia de Occidente. A mediados del siglo XIII, glosando la traducción latina, se compuso el poema Dies irae, dies illa —atribuido al franciscano Tomas de Celano—, que se empleó como secuencia en las misas de difuntos desde el siglo XIV hasta la actual liturgia y sirvió para el canto final Libera me Domine en las misas de exequias.
San Jerónimo ve muchas conexiones entre 1,15-16 y la historia humana, aduciendo testimonios bíblicos y extrabíblicos: «En cuanto al día del Señor, bien lo refiramos al fin del mundo, o bien al final de la vida de cada uno, es manifiesto su sentido de que la voz del día del Señor es amarga, llena de violencia y de ira y de fuerte tribulación, pues incluso los que son santos se salvarán ciertamente, pero “como a través del fuego” (1 Co 3,15). Aquel día será día de tribulación, angustia, calamidad y miseria, en el cual dirán: “¡ay de nosotros! que somos unos miserables”. Será día de tinieblas, “pues todo el que obra mal odia la luz y no viene a la luz” (Jn 3,20) y es necesario que al que odia la luz le cubran las tinieblas. Será día de nieblas y de torbellino: vendrá sobre él la tempestad del Señor y el sonido de la trompeta que el Apóstol significa al decir “al son de la trompeta final” (1 Co 15,52)» (Commentarii in Sophoniam 1,15-16).