COMENTARIO
Los primeros oráculos (vv. 4-11) se dirigen contra las naciones que han oprimido de alguna manera a Judá. El v. 10 resume la causa de su condena: «Estas cosas les vendrán por su orgullo, porque ultrajaron al pueblo del Señor de los ejércitos y se engrandecieron a su costa». Pero el Señor cuida de su pueblo: es verdad que Judá ha sufrido de sus vecinos por causa de sus pecados, pero el Señor suscitará un «resto» (vv. 7.9) de su pueblo que vengará las agresiones y recuperará la tierra. En otros libros proféticos (cfr Is 10,20-22; 11,11; Am 3,12; 5,13.15; etc.), se designa como el «resto» de Israel a los que sobreviven a la catástrofe del día del Señor, a la purificación, porque siguen los mandatos del Señor y no están corrompidos. En Sofonías este «resto» de Israel es descrito (3,12-13) como un pueblo manso y humilde, las mismas virtudes que en el Nuevo Testamento se dicen de Jesús (cfr Mt 11,29) y de su Madre (Lc 1,48): «Quiso, pues, nacer de una virgen inmaculada, Él, el inmaculado, que venía a limpiar las máculas de todos. Quiso que su madre fuese humilde, ya que Él, manso y humilde de corazón, había de dar a todos el ejemplo necesario y saludable de estas virtudes» (S. Bernardo, Homiliae super Missus est 2,1).
De los otros oráculos (vv. 12-15), destaca el dirigido contra Nínive. El pecado de Nínive (cfr v. 15) es el orgullo, y su castigo, la desolación. De esa manera se prepara el oráculo contra Jerusalén cuyo pecado es el mismo.