COMENTARIO

 So 3,18b-20 

Reaparece el tema del retorno: «os haré venir», «os congregaré», «cuando haga volver vuestra suerte» (v. 20), no ya para juicio condenatorio, sino para salvación. La purificación del «resto» implicará que recobre «el renombre y la fama entre todos los pueblos de la tierra»: es la misión universal del pueblo elegido que, con el ejemplo de su conducta recta, atrae hacia el Señor a los demás pueblos. En el horizonte de salvación, el gozo de tener al Señor presente en medio del pueblo y la reunión de todos los hombres se dan con la presencia de Cristo en medio de su pueblo, la Iglesia: «Regocíjate y alégrate, Iglesia de Dios, gózate porque formas un solo cuerpo para Cristo. Ármate de fortaleza y llénate de júbilo. Tus aflicciones se han convertido en gozo. Tu traje de tristeza se cambiará por el de alegría. Ya queda atrás tu esterilidad y pobreza. En un solo parto diste a Cristo innumerables pueblos. Grande es tu Esposo, por cuyo imperio eres gobernada. Él convierte en gozo tus sufrimientos y te devuelve a tus enemigos convertidos en amigos. No llores ni te apenes, porque algunos de tus hijos se hayan separado de ti temporalmente. Ahora vuelven a tu seno gozosos y enriquecidos. Fíate de tu cabeza, que es Cristo. Afiánzate en la fe. Se han cumplido las antiguas promesas. Sabes cuál es la dulzura de la caridad y el deleite de la unidad. No predicas sino la unión de las naciones. No aspiras más que a la unidad de los pueblos. No siembras más que semillas de paz y caridad. Alégrate en el Señor, porque no has sido defraudada en tus sentimientos. Pasados los hielos invernales y el rigor de las nieves, has dado a luz, como fruto delicioso, como suaves flores de primavera, a aquellos que concebiste entre gemidos y oraciones ininterrumpidas» (S. Leandro, Homilia in laudem Ecclesiae).

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