COMENTARIO
Los vv. 15-19 parecen convenir mejor como continuación del primer oráculo (1,1-15); sin embargo, las dos partes (vv. 10-14 y 15-19) de este tercer oráculo están determinadas por un mismo marco temporal: «El día vigésimo cuarto del mes noveno» (vv. 10.18), es decir, el 18 de diciembre del año 520.
Comienza el oráculo con una forma literaria distinta: una consulta a los sacerdotes, custodios de la Ley de Dios, especialmente en cuestiones relacionadas con el culto (cfr Jr 18,18). En el contexto de la reconstrucción del Templo, la cuestión entre lo consagrado y lo impuro (vv. 11-14) puede referirse a dos cosas distintas. Es posible que la impureza a la que se refiere el profeta es que el pueblo deja colaborar a los samaritanos en la reconstrucción del Templo (cfr Esd 4,1-4) y de esa manera el Templo queda impuro. Pero lo más probable es que la acusación se refiera al mismo pueblo elegido y a su poco empeño por reconstruir el Templo. El profeta les vendría a decir que, sin el Templo reconstruido, por muy santos que sean los sacrificios que ofrezcan, se contaminan de la desidia, y quedan impuros. La obediencia a los mandatos es fuente de bendición.
El texto supone que el pueblo ha obedecido y se ha puesto a reconstruir el Templo; por eso Ageo considera que ese día (v. 18) marca el comienzo de la etapa nueva. Ahora ya no se habla de la infecundidad de los trabajos y de la tierra (cfr 1,5-6.9) sino de la bendición de Dios (v. 19).