COMENTARIO

 Za 1,7-17 

La visión se refiere a la terminación del Santuario y al bienestar y prosperidad de los judíos en Jerusalén y en las ciudades de Judá. Esos objetivos no se habían conseguido aún porque, según ve las cosas el profeta, Dios había favorecido a las naciones vecinas de Judá en vez de favorecer a su pueblo. Pero llega el momento en que esto va a cambiar. Dios se va a irritar contra aquellas naciones que se sentían seguras e incluso iban contra los judíos (vv. 14-15), y va a volverse hacia éstos con piedad, concediéndoles lo que deseaban (vv. 16-17).

Ahora bien, ¿cuándo va a suceder eso y cómo conoce el profeta tal promesa divina? La respuesta es: «Ya», porque en la visión el profeta contempla cómo llega a Dios el conocimiento de aquella situación desgraciada de su pueblo y ha decidido que el Templo y Jerusalén sean reconstruidos. El profeta recibe esa revelación a través de un ángel que forma parte de la visión: el hombre que monta un caballo alazán. El significado simbólico de los arrayanes en la hondonada no es claro. La hondonada puede significar el abismo o mundo tenebroso y caótico identificado aquí con el mundo de las naciones que han avasallado a Israel; los arrayanes, arbustos siempre verdes, podrían ser signo de la esperanza que se mantiene para los judíos aun en medio de aquel mundo. Los caballos de colores, o más bien los jinetes que supuestamente los montan, simbolizan a otros tantos ángeles. Éstos son los que informan de la situación al ángel del Señor (v. 11), el mismo que antes es designado como el hombre montando el caballo alazán (v. 8), y éste intercede ante Dios por Jerusalén y Judá (v. 12).

En ese gran ángel confluyen las funciones de revelar los designios divinos y de interceder ante Dios en favor de Israel. Unos siglos más tarde, en el libro de Daniel, esas funciones serán percibidas como propias de dos ángeles distintos: Gabriel, encargado de comunicar las revelaciones divinas (cfr Dn 9,21) y Miguel, encargado de auxiliar al pueblo de Dios (cfr Dn 12,1). Y con esas mismas funciones serán contemplados estos dos ángeles en el Nuevo Testamento: Gabriel anuncia los designios divinos a Zacarías y a María (cfr Lc 1,19.26); Miguel lucha en el cielo contra el Diablo en defensa del hombre (Ap 12,7). La imagen de los caballos como emisarios divinos sobre la tierra será retomada en Ap 6,2-8; 19,11.

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