COMENTARIO
Esta invitación a la alegría, similar a la que hacía el profeta Sofonías (cfr So 3,14) y a la que se reiterará más adelante (9,9), es repetida en el saludo del ángel Gabriel cuando anuncia a la Virgen que va a concebir en su seno al Mesías (cfr Lc 1,28). Entonces se cumplen plenamente estas palabras pues ella es «la madre de Aquél en quien “reside toda la Plenitud de la Divinidad corporalmente” (Col 2,9)» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 722). San Juan Pablo II ve prefigurada a la Virgen María, Madre del Redentor, en el título de «Hija de Sión» de este versículo: «Su presencia en medio de Israel —tan discreta que pasó casi inobservada a los ojos de sus contemporáneos— resplandecía claramente ante el Eterno, el cual había asociado a esta escondida “hija de Sión” al plan salvífico que abarca a toda la historia de la humanidad» (Redemptoris Mater, n. 3).