COMENTARIO
Como se interpreta en el Catecismo de la Iglesia Católica esta frase significa «un silencio de adoración amorosa» (n. 2143). Es la actitud que habrán de tener todos los hombres ante lo que Dios va a llevar a cabo en Judá y en Jerusalén; para el cristiano, ante la encarnación, pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo y lo que Dios hace con su Iglesia.