COMENTARIO
Tras las visiones y como su culminación se introduce ahora una acción profética —la coronación de Josué— y un oráculo, al estilo de los antiguos profetas. Su contenido conecta con el de las visiones tercera y cuarta a propósito del sacerdote Josué y del «brote» o mesías davídico. El profeta ha de hacer una corona con la aportación de familias significadas —desconocidas por lo demás para nosotros— que habían retornado del destierro, y dejar la corona en el Templo como memorial de la coronación del sacerdote (v. 14) y estímulo para la vuelta de los judíos que todavía permanecían en el destierro (v. 15).
Hay cosas en este pasaje que contrastan con lo dicho en las visiones: allí el «brote» era Zorobabel, descendiente de David, y a él se le asignaba la terminación del Templo (cfr 3,8; 4,7-10); aquí sin embargo se llama «brote» a Josué y a él se la atribuye la terminación del Santuario. Para explicar esta anomalía se ha pensado que el texto original de Zacarías habría sido corregido y donde ahora pone «Josué» (v. 11) pondría antes Zorobabel. Es posible que haya sido así, o que el texto originariamente se refiriese a Josué y a Zorobabel y hablase de coronas en plural, como leemos en el v. 14 que en hebreo trae «coronas» en vez de «corona». Pero también es posible que el mismo profeta hubiera visto más tarde las cosas de otra forma y que al escribir este oráculo por inspiración divina sólo pensase ya en el sacerdote Josué como el ungido del Señor que realiza al mismo tiempo funciones civiles en el gobierno del pueblo. No conocemos las circunstancias que motivaron la desaparición de Zorobabel reflejada en el texto actual de este pasaje; lo que sí aparece en cambio es que aquí la figura del sacerdote es presentada como punto de referencia de las expectativas mesiánicas.
«A su derecha» (v. 13), según la versión de los Setenta y la Neovulgata. El texto hebreo, en cambio, dice «en su trono». La primera lectura parece ser una corrección posterior debida posiblemente a que, en la mentalidad judía de la época posterior a Zacarías, no encajaba que un mismo ungido fuese rey y sacerdote, a pesar de que esa unión se había dado en la antigüedad (cfr Sal 110). Sabemos, por ejemplo, que en Qumrán esperaban dos ungidos (mesías): uno con funciones de rey, descendiente de David; otro con funciones sacerdotales, descendiente de Aarón. Sólo en el Nuevo Testamento se aplicará explícitamente a Jesús el título de Cristo (Ungido) en cuanto Hijo de David (cfr Mt 1,1; 9,27; 15,22; Mc 10,47; etc.), y en cuanto Sacerdote eterno (cfr Hb 7,17.21; etc.). San Cirilo de Alejandría comenta: «Él es a la vez rey y sumo sacerdote; por eso está profetizado a través de dos personas el único Enmanuel» (Commentarius in Zacchariam 6,9-15).