COMENTARIO
Antes de responder a los emisarios de Babilonia, Zacarías habla en nombre de Dios al pueblo que ha vuelto del destierro y a los sacerdotes del Templo. Quiere hacerles entender que cuando Dios los dispersó actuó justamente porque no habían cumplido lo que Él les pedía en el comportamiento con el prójimo. De esta forma el profeta les prepara para que entiendan lo que va a decirles a continuación en el capítulo siguiente: que Dios les hizo volver y les ayuda a reconstruir Jerusalén y el Templo por pura gracia y por su gran misericordia (cfr 8,1-17). Ahora comienza advirtiéndoles que los ayunos que practicaban en el destierro —durante setenta años en números redondos, cfr Jr 25,11-12; 29,10— para lamentar la destrucción del Templo y de la ciudad (el ayuno del quinto mes), y para llorar el asesinato de Godolías (el del séptimo mes, cfr 2 R 25,22-26; Jr 41,1-3), no eran sinceros pues se buscaban a sí mismos, no a Dios (vv. 5-6). Deberían haber recordado qué era lo que Dios pedía por medio de los profetas en los tiempos anteriores al destierro, cuando se vivía en paz en toda la tierra prometida (v. 7). A continuación resume, también de parte de Dios (v. 8), lo que el mismo Dios había prescrito en la Ley con respecto a los necesitados (vv. 9-10; cfr Ex 22,20-21), y recuerda que el pueblo no lo escuchó ni lo cumplió (vv. 11-12), por lo que vino la desgracia del destierro (vv. 13-14).