COMENTARIO
Comenzando por Siria (vv. 1-2a), pasando por Fenicia (v. 2b-4) y por las ciudades de los filisteos (vv. 5-7), el Señor llega a la tierra santa donde pone su morada y protege a su pueblo de cualquier invasor (v. 8). Esos países del norte, representados en las ciudades que se mencionan, van a pertenecer al Señor. En el caso de los filisteos incluso pasarán a formar parte del pueblo santo tras haber sido purificados de sus abominaciones, consistentes, según se deduce de lo que aquí se dice, en comer la carne con su sangre (v. 7), delito grave para los judíos (cfr Lv 19,26; Dt 12,16).