COMENTARIO
Dado su lenguaje metafórico no queda claro a quiénes se refiere el pasaje. Los árboles podrían significar las naciones enemigas de Israel, y los pastores y leones sus reyes. Pero las alusiones geográficas —el Líbano, Basán y la ribera del Jordán— inclinan más bien a ver en los árboles a José (Samaría) y a Judá, que los profetas presentaban también bajo la figura de árboles (cfr Am 5,2; Is 14,4-21). Esta lamentación adelanta en resumen el estado de desolación en que queda el país tras el rechazo del pastor bueno que se describe a continuación. Desde una lectura cristiana, se podría ver aquí una imagen del rechazo a Cristo, Buen Pastor y Rey del Universo, tal como estaba profetizado: «¡Rompamos sus cadenas, arrojemos de nosotros su yugo!» (Sal 2,3): «Rompen el yugo suave, arrojan de sí su carga, maravillosa carga de santidad y de justicia, de gracia, de amor y de paz. Rabian ante el amor, se ríen de la bondad inerme de un Dios que renuncia al uso de sus legiones de ángeles para defenderse. Si el Señor admitiera la componenda, si sacrificase a unos pocos inocentes para satisfacer a una mayoría de culpables, aún podrían intentar un entendimiento con Él. Pero no es ésta la lógica de Dios» (S. Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 185).