COMENTARIO
Impulsado por el Señor, el profeta realiza un gesto simbólico cargado de significado. Se presenta bajo la figura del rey pastor de su pueblo, al que sus jefes están conduciendo a la muerte («ovejas de la matanza», v. 4). Quiere que en el país reine la benevolencia divina, que supone la fidelidad del pueblo y la unidad entre sus habitantes. Ambas cosas están representadas en las varas con las que apacienta el rebaño. Quizá llega a quitar de en medio una serie de jefes que provocaban las discordias; pero al final no puede más, su paciencia se agota y abandona su empeño en el pastoreo. Ese abandono viene significado con la ruptura primero de la vara de la Gracia (v. 10), es decir, el llevar al pueblo por caminos de fidelidad al Señor. Recibe un salario ridículo: el precio de un esclavo en los tiempos antiguos (cfr Ex 21,32). El gesto de arrojar ese dinero al tesoro del Templo significa que el pastor representaba a Dios, y que es al mismo Dios a quien han desechado (v. 13). Entonces se quiebra también la unidad (v. 14) y, a continuación, simbolizado asimismo en la persona del profeta, Dios suscita un pastor inútil que abandona las ovejas y recibe la maldición del Señor. En el profeta y en el pastor bueno de la primera parte de la alegoría se ha de ver al rey legítimo, el ungido del Señor. Esta profecía se cumple cuando Jesús es entregado por Judas al precio de treinta monedas de plata, y así lo hacen notar expresamente los evangelistas (cfr Mt 26,14-15; 27,3-10).
Este texto de Zacarías no ha pasado inadvertido a los Padres. San Gregorio Nacianceno lo aduce al tratar del oficio sacerdotal: «Ésta es mi súplica que tengo por razonable. Y el Dios de la paz, que hizo de dos uno (cfr Ef 2,14), que hace de nosotros un don para los demás, que pone al rey en el trono y alza de la tierra al pobre, levanta del estiércol al miserable (Sal 113,7), que eligió a David como su siervo cuando, como último y más pequeño de los hijos de Jesé, pastoreaba los rebaños, y da a los anunciadores del Evangelio la palabra y la potestad para cumplir su misión, así Dios sostenga nuestra mano, nos guíe con su voluntad y nos acoja con honor, apacentando a los pastores y guiando a los guías, para que nos sea concedido conducir con inteligencia su grey no con el hatillo del pastor necio» (Apologetica [Oratio 2] 117).