COMENTARIO

 Za 13,7-9 

Este poema parece interrumpir los vaticinios sobre «aquel día» que vienen siendo presentados desde 12,1 y que continuarán en el capítulo siguiente. Se habla de un pastor herido (v. 7), de un resto que queda en la tierra de Israel (v. 8) y de una purificación y una alianza (v. 9). «Mi pastor», llamado así por el Señor, contrasta con el «pastor majadero» de 11,17, y refleja la figura del pastor bueno de 11,4-16, el rey mesiánico, y la del traspasado de 12,10. Su muerte violenta provoca la dispersión del pueblo. Si de nuevo se trata de una alusión a Zorobabel y a su muerte sólo puede adivinarse, pues el texto deja la identidad de esa persona en el misterio. Sin embargo, Jesús se aplicó a sí mismo la figura de ese pastor cuando predijo su muerte (cfr Mt 26,31; Mc 14,27) refiriéndose al abandono por parte de sus discípulos (cfr Mt 26,56; Mc 14,49-52). «Después de que el buen pastor que dio la vida por sus ovejas (…) fuese golpeado por voluntad del Padre, y el Hombre unido a Dios —el que dijo: Yo estoy en el Padre y el Padre en mí (Jn 10,38; 14,11)— fuese colgado en el patíbulo y dijera: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu (Lc 23,46), al momento se dispersaron las ovejas, toda la multitud de los que creían en Cristo (…). Cuando hayan sido probados los pequeños, sobre los que el Señor dirigió su mano, y por su vocación toda la multitud de las naciones haya creído, entonces el pueblo de los creyentes llamará a Cristo por su nombre, y a Él que le dice: Tú eres mi pueblo, le contestará: Tú eres mi Señor Dios» (S. Jerónimo, Commentarii in Zachariam 13,7-9).

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