COMENTARIO
«Aquel día» es ahora el «día del Señor», es decir, el día en el que todo se resuelve con su intervención. Él es el que congregará a las naciones en torno a Jerusalén para que lancen el último ataque contra ella causándole daño (v. 2; cfr Jl 3,9-12) y, como un guerrero, Él mismo saldrá a combatirlas (v. 3). El cuadro descrito en los vv. 4-5 es impresionante: tras aterrorizar como un gigante a quienes cercan la ciudad y hacerles huir —Asal (v. 5) es un pueblo en el valle del Cedrón al sudeste de Jerusalén—, entra con sus ángeles a tomar posesión de ella. El cumplimiento de estas profecías se proyectará en el Nuevo Testamento a la segunda venida de Nuestro Señor Jesucristo, cuando venga glorioso con sus ángeles (cfr Mt 25,31; 1 Ts 3,13; Judas 14; Ap 19,14).