COMENTARIO
Enseñanzas de Jesús sobre los «pequeños» en la Iglesia. Al comienzo, ante la pregunta de los discípulos sobre quién es el más importante, responde Jesús con un gesto que parece una paradoja: «Si me preguntáis qué es lo más esencial en la religión y en la disciplina de Jesucristo, os responderé: lo primero la humildad, lo segundo la humildad y lo tercero la humildad» (S. Agustín, Epistolae 118,22).
Después, el Señor advierte sobre el peligro del escándalo en la Iglesia. «El escándalo es la actitud o comportamiento que induce a otro a hacer el mal» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2284). Para resaltar su gravedad, Jesús utiliza imágenes hiperbólicas pero muy expresivas. Especialmente el escándalo es grave cuando se da a los preferidos del Señor, los más débiles, como los niños (v. 14).
Finalmente, la parábola de la oveja perdida. En San Lucas, esta parábola significa la misericordia de Dios que se desvive por salvar a todos los hombres. En el contexto del Discurso Eclesiástico, parece que se debe entender respecto de los que atraviesan una situación espiritual difícil. Entonces, es preciso ir en búsqueda de la oveja perdida, incluso heroicamente (vv. 12-14). Si la Iglesia en general, y cada cristiano en particular, tiene ansias de propagar la fe, con más razón aún debemos esforzarnos por ayudar a quienes ya la han abrazado para que superen sus dificultades: «Si queréis emular a Dios, puesto que habéis sido creados a su imagen, imitad su ejemplo. Vosotros, que sois cristianos, que con vuestro mismo nombre estáis proclamando la bondad, imitad la caridad de Cristo, (…) pastor de las cien ovejas, que, cuando una de ellas se aleja del rebaño y vaga errante, no se queda con las otras que se dejaban apacentar tranquilamente, sino que sale en su busca. (…) Pensemos en lo que se esconde tras el velo de esta imagen. Esta oveja no significa, en rigor, una oveja cualquiera, ni este pastor es un pastor como los demás, sino que significan algo más. En estos ejemplos se contienen realidades sobrenaturales. Nos dan a entender que jamás desesperemos de los hombres ni los demos por perdidos, que no los despreciemos cuando se hallan en peligro, ni seamos remisos en ayudarlos, sino que cuando se desvían de la rectitud y yerran, tratemos de hacerlos volver al camino, nos congratulemos de su regreso y los reunamos con la muchedumbre de los que siguen viviendo justa y piadosamente» (S. Asterio de Amasea, Homiliae 13).
Muchos manuscritos añaden (v. 11): «Porque el Hijo del Hombre ha venido a salvar lo que estaba perdido», tomándolo al parecer de Lc 19,10.