COMENTARIO
Dos parábolas que nos enseñan a no medir la fuerza del Reino con los criterios de nuestra pequeñez: el Reino es como un grano menudo, pero con una energía que se desplegará de modo admirable (vv. 18-19): «Con la parábola del grano de mostaza les incita a la fe y les hace ver que la predicación del Evangelio se propagará a pesar de todo. Los más débiles, los más pequeños entre los hombres, eran los discípulos del Señor, pero como había en ellos una fuerza grande, ésta se desplegó por todo el mundo» (S. Juan Crisóstomo, In Matthaeum 46). La imagen de la levadura tiene todavía más fuerza: tres medidas de harina son unos 40 kilos, y el pan que resulta de la fermentación de la levadura en ella es una cantidad desmesurada. Esa es la fuerza del Reino: su capacidad de transformar todo cuanto fecunda, por muy grande o poderoso que sea. Es lo que comprobaron los primeros cristianos: «Somos de ayer y lo llenamos todo» afirmaba con orgullo Tertuliano en el siglo II (Apologeticum 37).