COMENTARIO
La argumentación de los caps. 1 a 4 ha subrayado la fe como el medio de alcanzar la justificación. Ahora, explicando los efectos de la justificación, Pablo expone los fundamentos y elementos integrantes de la esperanza de quienes creen. Cristo nos reconcilia con el Padre por medio del sacrificio de su sangre, mientras su resurrección es fundamento de nuestra esperanza (5,1-11); nos libera del pecado y de la muerte, devolviéndonos la vida de la gracia y la vida eterna que el pecado del primer hombre nos había arrebatado (5,12-21); nos comunica esa vida a través del Bautismo (6,1-11). Cristo nos da también la posibilidad de liberarnos de los pecados personales (6,12-23) y de la esclavitud de la Ley, otorgándonos la libertad según un espíritu nuevo y no según la antigua letra (7,1-6) y frente a la concupiscencia (7,7-13). Pero aun así puede quedar en el fondo del corazón de quienes han abrazado la fe un resquicio de temor por el porvenir. Por eso, el cristiano debe seguir luchando contra la ley de la carne en la que anida la concupiscencia (7,14-25). Con todo, lo más importante de la justificación es la vida nueva que el Espíritu concede (8,1-13). Por la acción del Espíritu, los cristianos somos verdaderamente hijos de Dios (8,14-30) y estamos llenos de confianza y esperanza, aun en medio de las contradicciones (8,31-39).