COMENTARIO

 1 Co 1,18-19 

Los corintios no han descubierto la verdadera sabiduría, que es la que se ha manifestado en la cruz. La cruz de Cristo es cátedra de sabiduría y de juicio, piedra de toque ante la cual los hombres toman postura: unos consideran que el mensaje de la cruz (literalmente «la palabra de la cruz») es una necedad: son los que se pierden (según la expresión original, «los que van camino de perderse»). Otros, en cambio, los que van camino de salvarse, descubren que la cruz es «fuerza de Dios», porque en ella el demonio y el pecado han sido vencidos. Por eso la Iglesia exhorta: «Mirad el árbol de la Cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo» (Misal Romano, Celebración de la Pasión del Señor), y por eso también los santos han cantado las excelencias de la cruz: «¡Oh don preciosísimo de la cruz! ¡Qué aspecto tiene más esplendoroso! (…). Es un árbol que engendra la vida, sin ocasionar la muerte; que ilumina sin producir sombras; que introduce en el paraíso, sin expulsar a nadie de él; es un madero al que Cristo subió, como rey que monta en su cuadriga, para derrotar al diablo que detentaba el poder de la muerte, y librar al género humano de la esclavitud a que la tenía sometido el diablo. Este madero, en el que el Señor, cual valiente luchador en el combate, fue herido en sus divinas manos, pies y costados, curó las huellas de pecado y las heridas que el pernicioso dragón había infligido a nuestra naturaleza (…). Aquella suprema sabiduría, que, por así decir, floreció en la cruz, puso de manifiesto la jactancia y la arrogante estupidez de la sabiduría mundana» (S. Teodoro Estudita, Oratio in adorationem crucis).

En la cruz se cumplen las palabras de Isaías (Is 29,14) que anuncian la incapacidad de los sabios y prudentes del mundo para penetrar la sabiduría divina de la cruz: «La predicación de la cruz de Cristo —señala Santo Tomás— contiene algo que según la sabiduría humana parece imposible, como que Dios muera, o que el omnipotente se someta a las manos de los violentos. También contiene cosas que parecen contrarias a la prudencia de este mundo, como que uno, pudiendo, no huya de las contrariedades» (Super 1 Corinthios, ad loc.).

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