COMENTARIO

 1 Co 3,1-3 

Los corintios todavía no han alcanzado la verdadera sabiduría y permanecen carnales (v. 3). Son responsables de las divisiones, por haber confundido el Evangelio con la sabiduría personal de los predicadores. La contraposición carnales–espirituales no quiere decir, obviamente, que haya dos clases de personas en la Iglesia; es más bien un reproche paternal del Apóstol: por el Bautismo están llamados a alcanzar el pleno conocimiento, intelectual y práctico, de las verdades espirituales; pero por dejarse llevar de principios humanos permanecen todavía en la fase inicial de embotamiento. La razón, como comenta San Juan Crisóstomo, es que «el mal comportamiento es un obstáculo para conocer la verdad. Lo mismo que un hombre obcecado en el error no puede perseverar largo tiempo en el camino recto, también es muy difícil que quien vive mal acepte el yugo de nuestros sublimes misterios. Para abrazar la verdad hay que estar desprendido de todas las pasiones (…). Esta libertad de alma ha de ser completa para alcanzar la verdad» (In 1 Corinthios 8, ad loc.).

«Como a niños en Cristo» (v. 1). Como en otros lugares, el Apóstol acude a la imagen del niño y el adulto para exhortar a vivir una fe firme y segura (13,11; Ga 4,1.3; Ef 4,14). No se refiere a la infancia espiritual enseñada por Jesús (cfr Mt 18,1-6; 1 P 2,2). El Apóstol utiliza esta comparación para enseñar que es necesario progresar en la vida cristiana, que el cristiano tiene obligación de desarrollar las virtudes infusas que recibió en el Bautismo. Concretando todavía más, el Apóstol menciona las «envidias y discordias» (v. 3) como dos grandes pecados que paralizan la vitalidad de los corintios, y de todo cristiano, les mantienen en su lamentable estado de «carnales» y les impiden alcanzar las cosas espirituales, a las que estaban llamados (cfr Hb 5,12-14).

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