COMENTARIO
Con dos citas bíblicas (Jb 5,13; Sal 94,11) queda rubricada la verdad de que los planteamientos exclusivamente humanos desembocan en el fracaso más rotundo. El cristiano, en cambio, que sólo pertenece a Cristo (v. 23), es dueño de todo: «Míos son los cielos y mía es la tierra. Mías son las gentes, los justos son míos y míos los pecadores. Los ángeles son míos, y la Madre de Dios, y todas las cosas son mías. Y el mismo Dios es mío y para mí, porque Cristo es mío y todo para mí. ¿Pues qué pides y buscas, alma mía? Tuyo es todo esto, y todo es para ti. No te pongas en menos ni repares en migajas que se caen de la mesa de tu Padre» (S. Juan de la Cruz, Oración del alma enamorada).