COMENTARIO

 1 Co 4,1-7 

Las características de todo apóstol —«ministros de Cristo», «administradores de los misterios de Dios» (v. 1)— hacen que ese ministerio quede al margen y por encima de rencillas y discusiones banales.

La Iglesia ha aplicado con frecuencia las palabras del v. 1 al sacerdocio cristiano: «El sacerdote es ministro de Cristo: es, pues, el instrumento del que se sirve el Divino Redentor para continuar su obra redentora en toda su mundial universalidad y divina eficacia, para construir aquella obra admirable que transformó el mundo. Más aún: el sacerdote, como justamente suele decirse, es alter Christus, otro Cristo, puesto que lo representa en persona (…). El sacerdote ha sido constituido dispensador de los misterios de Dios (cfr 1 Co 4,1), en favor de estos miembros del Cuerpo místico de Jesucristo, al ser ministro ordinario de casi todos los sacramentos, que son como canales a través de los cuales fluye la gracia del Redentor en beneficio de todos los hombres» (Pío XI, Ad catholici sacerdotii, n. 17).

La frase «no ir más allá de lo escrito» (v. 6) se presta a diversas interpretaciones: podría tratarse de un proverbio, familiar entre los corintios, para indicar la necesidad de no ir mas allá de lo seguro, que en este caso sería lo que estrictamente corresponde al ministerio apostólico. «Lo escrito» también podría referirse a toda la Sagrada Escritura, o a las citas que de ella ha hecho anteriormente (cfr 1,19.31; 3,19). En cualquier caso San Pablo viene a decir a los corintios de una forma delicada que son ellos los únicos responsables —por su inmadurez y su soberbia— de los conflictos surgidos, al exaltar a un predicador y menospreciar al otro. Pablo y Apolo se han comportado como debían y no han dado ocasión a divisiones.

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