COMENTARIO

 1 Co 5,1-8 

El incesto, que «corrompe las relaciones familiares y representa una regresión a la animalidad» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2388), era ya considerado como un grave delito. Frente a la pasividad de los corintios, el Apóstol se apresura a poner remedio, decretando solemnemente la excomunión del pecador (vv. 4-5), para evitar así un daño mayor a la comunidad. Tomando la imagen de la masa sin levadura con la que se prepara el pan ácimo de la Pascua, explica que, de modo parecido, los cristianos deben desechar cualquier costumbre pecaminosa grave: «Cuando en nuestra vida personal o en la de los otros advirtamos algo que no va, algo que necesita del auxilio espiritual y humano que podemos y debemos prestar los hijos de Dios, una manifestación clara de prudencia consistirá en poner el remedio oportuno, a fondo, con caridad y con fortaleza, con sinceridad. No caben las inhibiciones. Es equivocado pensar que con omisiones o con retrasos se resuelven los problemas» (S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, n. 157).

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