COMENTARIO

 1 Co 6,1-11 

El tercer hecho lamentable era que los pleitos entre cristianos eran llevados fuera, ante tribunales paganos, en vez de solucionarlos dentro del ámbito de la comunidad.

El consejo que da el Apóstol corresponde, por una parte, a la costumbre de los judíos de juzgar las causas propias en sus tribunales especiales. Por otra, a la exigencia de vivir la fraternidad y dar buen ejemplo: se pueden arreglar los litigios sin acudir a los tribunales paganos. De lo contrario podrían infligir un grave daño a la expansión del Evangelio: ¿cómo iba a resultar atrayente una comunidad cuyos miembros andaban pleiteando como los demás? San Juan Crisóstomo enumera así las transgresiones que cometían los corintios: «Una, no poder soportar pacientemente una injuria; otra, ser autor de una ofensa; después, buscar árbitros para este altercado; por último, usar tales procedimientos con un cristiano, su hermano en la fe» (In 1 Corinthios, ad loc.).

El recuerdo de la dignidad de cristianos (v. 11) pone fin a las amonestaciones: Pablo trae a la memoria el hecho del Bautismo, sus efectos y la necesidad de volver a la santidad inicial. «Los seguidores de Cristo han sido llamados por Dios y justificados en el Señor Jesús, no por sus propios méritos, sino por su designio de gracia. El Bautismo y la fe los ha hecho verdaderamente hijos de Dios, participan de la naturaleza divina y son, por tanto, realmente santos. Por eso deben, con la gracia de Dios, conservar y llevar a plenitud en su vida la santidad que recibieron» (Conc. Vaticano II, Lumen gentium, n. 40).

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