COMENTARIO

 1 Co 6,12-14 

Una falsa interpretación de la libertad corría, al parecer, entre los corintios cuando entendían que el cristiano, liberado de la Ley, podía vivir al margen de los mandamientos de Dios: «Todo me es lícito» (v. 12). El Apóstol precisa que hay acciones y actitudes, como la impureza, que no convienen, porque vuelven a esclavizar al hombre.

Otro equívoco grave era considerar en el mismo plano la necesidad de alimentarse y el uso de la sexualidad. En este punto la enseñanza del Apóstol es clara y rotunda: lo relativo al alimento desaparece después de la muerte, es irrelevante; el cuerpo, en cambio, como integrante de la persona, participa de la unión con Cristo, está destinado a la resurrección y, en consecuencia, tiene una dignidad que hay que preservar.

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