COMENTARIO
Una falsa interpretación de la libertad corría, al parecer, entre los corintios cuando entendían que el cristiano, liberado de la Ley, podía vivir al margen de los mandamientos de Dios: «Todo me es lícito» (v. 12). El Apóstol precisa que hay acciones y actitudes, como la impureza, que no convienen, porque vuelven a esclavizar al hombre.
Otro equívoco grave era considerar en el mismo plano la necesidad de alimentarse y el uso de la sexualidad. En este punto la enseñanza del Apóstol es clara y rotunda: lo relativo al alimento desaparece después de la muerte, es irrelevante; el cuerpo, en cambio, como integrante de la persona, participa de la unión con Cristo, está destinado a la resurrección y, en consecuencia, tiene una dignidad que hay que preservar.