COMENTARIO

 1 Co 7,10-11 

Sobre la indisolubilidad del matrimonio, el Apóstol deja bien claro que tiene un precepto firme, no suyo, sino del Señor. «Es deber fundamental de la Iglesia reafirmar con fuerza la doctrina de la indisolubilidad del matrimonio. (…) Él [Dios] quiere y da la indisolubilidad del matrimonio como fruto, signo y exigencia del amor absolutamente fiel que Dios tiene al hombre y que el Señor Jesús vive hacia su Iglesia. (…) Dar testimonio del inestimable valor de la indisolubilidad y fidelidad matrimonial es uno de los deberes más preciosos y urgentes de las parejas cristianas de nuestro tiempo» (S. Juan Pablo II, Familiaris consortio, n. 20).

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