COMENTARIO

 1 Co 7,17-24 

Quizá algunos, aplicando mal las consecuencias del nuevo nacimiento que supone el Bautismo, pretendían un cambio total, no sólo interior, sino también en las condiciones sociales de su vida. El Apóstol explica, mediante el ejemplo de la circuncisión y de la esclavitud, que las circunstancias externas no entorpecen la vida cristiana, sino que son el medio querido por Dios para desarrollarla. La vocación cristiana no saca a nadie de su sitio, ni tiene por qué cambiar las circunstancias exteriores. «La vocación enciende una luz que nos hace reconocer el sentido de nuestra existencia. Es convencerse, con el resplandor de la fe, del porqué de nuestra realidad terrena. Nuestra vida, la presente, la pasada y la que vendrá, cobra un relieve nuevo, una profundidad que antes no sospechábamos. Todos los sucesos y acontecimientos ocupan ahora su verdadero sitio: entendemos adónde quiere conducirnos el Señor» (S. Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 45).

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