COMENTARIO

 1 Co 9,1-14 

San Pablo ilustra con el ejemplo de su vida cómo la caridad está por encima de los derechos propios. En primer lugar (vv. 1-4) certifica su carácter de Apóstol basándose en que ha visto a Jesucristo (cfr Hch 9,1-19; 1 Co 15,8) y en que ha fundado la iglesia en Corinto (cfr Hch 18,1-18). A continuación señala dos derechos, de los que ha prescindido: ser acompañado de alguna mujer para atenderle (vv. 5-6) y ser sustentado por los fieles (vv. 7-14), derecho que ilustra con el ejemplo del soldado, del viñador y del pastor: «Los presbíteros, consagrados al servicio divino en el cumplimiento del cargo que se les ha encomendado, merecen recibir una justa remuneración, pues el que trabaja es merecedor de su salario (Lc 10,7), y ha ordenado el Señor a los que anuncian el Evangelio, que vivan del Evangelio (1 Co 9,14). Por ello, en la medida en que no se hubiera provisto por otra parte a la justa retribución de los presbíteros, los fieles mismos, como quiera que los presbíteros trabajan por su bien, tienen verdadera obligación de procurar que se les proporcione los medios necesarios para llevar una vida honesta y digna» (Conc. Vaticano II, Presbyterorum ordinis, n. 20).

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