COMENTARIO

 1 Co 14,1-25 

San Pablo se extiende en la caridad, y señala la importancia de la profecía. El don de profecía hace referencia en este caso a la facultad de hablar por impulso y en nombre de Dios para consuelo y edificación de los oyentes, sin incluir necesariamente el anuncio de cosas futuras u ocultas. El don de lenguas o glosolalia era considerado como la facultad sobrenatural de orar o de cantar las alabanzas de Dios con entusiasmo, mediante palabras desconocidas que con frecuencia requerían la intervención de un intérprete. La glosolalia suscita admiración, incluso a los no creyentes (v. 22), pero apenas favorece la enseñanza. La profecía, en cambio, contribuye a transmitir la verdad (v. 24).

«Para que la iglesia reciba instrucción» (v. 5). Según este criterio de discernimiento de dones, el de profecía ha de ser preferido a los demás: «Tal es la regla seguida constantemente por San Pablo: dar preferencia a los dones orientados al crecimiento de la Iglesia. Alguno dirá: “¿Se puede hablar muchas lenguas sin hablar en favor de sus hermanos?” Escuchad: estos fieles hablan, pero sus palabras sirven menos a la edificación, exhortación y consolación de las almas que el don de profecía. Los unos y los otros tienen de común el ser órganos del Espíritu Santo que los mueve y los inspira; pero el lenguaje de quien profetiza es útil a los fieles que escuchan, mientras que por el don de lenguas no se hacen entender si los oyentes no han recibido el mismo don sobrenatural» (S. Juan Crisóstomo, In 1 Corinthios 35, ad loc.).

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