COMENTARIO
Resumen esquemático de las recomendaciones principales: recuerda que la vida cristiana es una lucha contra las pasiones y tentaciones del diablo, y que toda la conducta del cristiano debe estar inspirada por la caridad.
«Sea anatema» (v. 22). Es una fórmula de castigo y de maldición (cfr 12,3; Ga 1,8); parece que llevaba consigo la exclusión pública de la Iglesia. Se comprende mejor a la luz de 12,3: «Nadie que hable en el Espíritu de Dios dice: “¡Anatema Jesús!”».
«¡Marana tha!». Es una expresión aramea que significa: «¡Ven, Señor nuestro!». Según la Didaché (10,6), esta invocación se usaba en la primitiva cristiandad después de la Plegaria eucarística. Aparece también en Ap 22,20 traducida al griego.
El saludo final de San Pablo, recogido por la Liturgia en los ritos iniciales de la Santa Misa, es una fórmula de bendición que lleva consigo la confesión de fe en la presencia del Señor entre los cristianos; y la petición de que tal presencia sea fecunda y eficaz. De ahí que San Juan Crisóstomo comente a propósito de estas palabras: «Todo buen pastor y todo doctor tiene el deber de ayudar a sus hermanos con consejos; pero, sobre todo, con oraciones y plegarias» (S. Juan Crisóstomo, In 1 Corinthios 44, ad loc.).