COMENTARIO

 Ga 2,1-10 

Algunos cristianos procedentes del judaísmo pensaban que los paganos convertidos al cristianismo tenían que someterse a las prescripciones de la Ley mosaica, y exigían que se circuncidaran como todos los judíos. En Jerusalén se originó una fuerte polémica al respecto. Pablo, movido por una revelación divina, parte de Antioquía junto con Bernabé y Tito, e interviene para afirmar de modo inequívoco la fuerza salvadora de la redención de Cristo: aceptar la postura de tales judaizantes era vaciar el valor redentor de la vida, muerte y resurrección de Jesús. Los que hacían cabeza, las «columnas» de la Iglesia, reconocieron la rectitud de la predicación de Pablo y vieron en la misión recibida por él de dedicarse a anunciar el Evangelio a los gentiles una nueva manifestación de la misericordia divina.

Así como Pedro había sido elegido para predicar preferentemente a los judíos, Pablo lo había sido para evangelizar a los gentiles. Tal distinción no implicaba que Pedro o Pablo tuvieran un ámbito restringido: a los judíos, el primero; a los paganos, el segundo (vv. 7-9). Lo que se determinó en Jerusalén fue la tarea concreta a que cada uno se debía dedicar inmediatamente. Por lo demás, San Pablo cumplió el encargo de los Apóstoles de promover colectas en favor de los pobres de Jerusalén (v. 10; cfr 1 Co 16,1-3; 2 Co 8,1-15; 9,15). Era un signo de comunión con la iglesia primogénita.

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