COMENTARIO
Movido por el amor a los gálatas, Pablo sufre porque se han olvidado de que la salvación viene sólo de Jesucristo y no de la Ley. Ellos son testigos de que han recibido la justificación sin oír hablar siquiera de la Ley, puesto que han recibido el Espíritu Santo antes de la llegada de los judaizantes. Les bastaría con recordar los carismas que se han manifestado entre ellos por la fe en Cristo (vv. 1-5). Además, que la justificación se logra por la fe lo prueba la Sagrada Escritura con la figura de Abrahán (vv. 6-9). Dios le prometió la bendición para su descendencia, estableció con él una Alianza y lo justificó no por las obras de la Ley, que no había sido aún promulgada, sino por su fe (cfr Rm 4,1ss.). De la misma forma, todos los que creen en Dios, como Abrahán, son verdaderos descendientes suyos y recibirán la bendición divina.
Pero hay algo más que deben tener en cuenta. La Ley, lejos de traer la salvación, es, en cierto modo, causa de muerte espiritual («maldición»), en cuanto que todo precepto lleva consigo la pena por su infracción (vv. 10-14; cfr Rm 7,7-12). Por eso, el Señor nos libró de la maldición de la Ley al cargar voluntariamente con el castigo que merecían nuestros pecados (v. 13; cfr Is 53,4; Mt 8,17; Rm 3,21-26; 5,6-10). En conclusión, someterse de nuevo a la Ley equivaldría a considerar superfluo el sacrificio de nuestro Redentor.