COMENTARIO

 Ga 4,12-20 

El Apóstol cambia el tono del discurso. Lo vuelve entrañable con el recuerdo de los momentos en que los gálatas se convirtieron a Cristo, cuando recibieron a Pablo con franca alegría la primera vez que estuvo con ellos (probablemente en el viaje que se narra en Hch 16,6). Aunque enfermo —no sabemos con qué enfermedad—, lo acogieron «como a un ángel de Dios, como al mismo Cristo Jesús» (v. 14). Lo único que quiere es atraerlos de nuevo al Evangelio y a Cristo. «Quien en otro pasaje había dicho como un padre (cfr 1 Co 4,18)…, ya no habla como un padre, sino como una madre en Cristo, para que reconozcan la angustia de uno y otro y la ternura del padre hacia ellos» (S. Jerónimo, Commentarii in Galatas 2,4,19). Y San Juan Crisóstomo comenta: «Se parece a una madre que tiembla por sus hijos. Hasta que Cristo esté formado en vosotros. Date cuenta de su ternura paternal. Date cuenta de su tristeza digna de un Apóstol. Observa qué lamento prorrumpe, mucho más hiriente que el de una mujer dando a luz» (In Galatas, 4,3,4).

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