COMENTARIO

 Ga 5,1-12 

La libertad del cristiano es fruto de la obra redentora de Cristo. A partir de ella, el creyente anhela la justicia —la santidad— movido por el Espíritu de Jesucristo. Nada importa ya su procedencia, judaísmo o gentilidad, circuncisión o incircuncisión. Lo que cuenta es la fe que obra por la caridad (v. 6), una fe que mueve a amar a Cristo y, con ese amor, a todos los hombres.

La fe de la que aquí habla Pablo es la virtud sobrenatural de la fe. Es la que puede llamarse «fe viva», es decir, la fe que se traduce en honda convicción que mueve la voluntad al amor. En la tradición cristiana se llama «fe muerta» a la caricatura de la fe, es decir, a la fe que es incapaz de traducirse en obras; pues «la fe, si no se le añade la esperanza y la caridad, ni nos une perfectamente con Cristo, ni nos hace miembros vivos de su Cuerpo. Por esta razón se dice con toda verdad que “la fe sin las obras está muerta” (St 2,17ss.) y ociosa y que “en Cristo Jesús no tienen valor ni la circuncisión ni la incircuncisión, sino la fe que actúa por la caridad” (Ga 5,6; 6,15)» (Conc. de Trento, De iustificatione, cap. 7).

La caridad, a su vez, refleja la fe (cfr Jn 13,35). «Cuando se pregunta si algún hombre es bueno —dice San Agustín—, no se averigua qué cree o espera, sino qué es lo que ama. Porque quien ama rectamente sin duda alguna también cree y espera rectamente; pero el que no ama, en vano cree, aunque sea verdad lo que cree (…). Por tanto, ésta es la fe de Cristo, que encarece el Apóstol, la que “actúa por la caridad”» (Enchiridium 117).

En los vv. 7-12 Pablo se refiere otra vez al periodo de la conversión de los gálatas, poniéndoles de nuevo en guardia contra los que les agitaban. A pesar de todo tiene esperanza de que los cristianos de Galacia volverán a la verdad que él les predicó (v. 10). Del v. 11 parece deducirse que algunos oponentes a Pablo le habían acusado de seguir predicando la circuncisión. Es posible que se apoyaran en el caso de Timoteo, al que Pablo circuncidó como medida prudencial (cfr Hch 16,1-3). Pero Pablo niega que predicase la necesidad de la circuncisión: si eso fuera verdad, no le seguirían persiguiendo, ni la cruz continuaría siendo un escándalo. El v. 12 tal vez sea una alusión irónica: si tan partidarios son de la circuncisión, que no sólo se circunciden, sino que, como intepreta Santo Tomás de Aquino, si quieren, que se castren (cfr Super Galatas, ad loc.). Se podría estar refiriendo así a la castración ritual del culto de Artemisa (Cibeles), divinidad muy popular de Asia Menor (cfr Hch 19,23-38). Esa acción implicaba también la exclusión de la comunidad (cfr Dt 23,2).

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