COMENTARIO

 Ga 6,1-10 

En continuidad con lo dicho en 5,14, el Apóstol vuelve a insistir en que la ley de Cristo es el amor. Ésa es la doctrina de Jesús. «Jesús hace de la caridad el mandamiento nuevo (cfr Jn 13,34). Amando a los suyos “hasta el fin” (Jn 13,1), manifiesta el amor del Padre que ha recibido. Amándose unos a otros, los discípulos imitan el amor de Jesús que reciben también en ellos» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1823).

San Pablo enseña que la corrección fraterna es una manifestación del amor entre hermanos (v. 1), que se debe hacer con mansedumbre y humildad, buscando solamente el bien del otro, y conscientes de la propia debilidad. «Nunca ha de tomarse el cuidado de reprender el pecado ajeno —dice San Agustín—, sino cuando, después de examinar nuestra conciencia con preguntas internas, nos respondemos delante de Dios, sin titubeos, que lo hacemos por amor» (Expositio in Galatas 57). También exhorta, como manifestación de caridad, a llevar las cargas de los demás, sin descuidar las propias (v. 2): «La caridad, que es como un generoso desorbitarse de la justicia, exige primero el cumplimiento del deber: se empieza por lo justo; se continúa por lo más equitativo…; pero para amar se requiere mucha finura, mucha delicadeza, mucho respeto, mucha afabilidad: en una palabra, seguir aquel consejo del Apóstol: llevad los unos las cargas de los otros, y así cumpliréis la ley de Cristo (Ga 6,2). Entonces sí: ya vivimos plenamente la caridad, ya realizamos el mandato de Jesús» (S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, n. 173).

La observancia de las prescripciones legales llevaba a algunos judíos a creerse mejores que los demás (vv. 3-5; cfr Lc 18,9-14). Este orgullo procede del desconocimiento de uno mismo. El Apóstol exhorta a que cada uno se examine con sinceridad, de cara a Dios, que todo lo ve.

Los vv. 7-10 implican la verdad de que el tiempo de merecer termina con la muerte. Por eso, el Apóstol insiste en la necesidad de esforzarse por llevar una conducta justa, «porque lo que uno siembre, eso recogerá» (v. 8). La imagen de la siembra aplicada a la vida espiritual es frecuente en la Biblia y rica de contenido (cfr Sal 107,37; Pr 6,19; Mt 13,1ss.; Jn 4,37; 1 Co 9,11; etc.). San Juan de Ávila comenta de este pasaje: «Había dicho que hacer bien era sembrar; y en el sembrar, de presente no hay sino pérdida: deshacerse el hombre de la hacienda que posee por la que espera. Alude a la misma metáfora, y dice que no desfallezcamos, que no desmayemos haciendo bien, que esperemos en Dios» (Lecciones sobre Gálatas, ad loc.).

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