COMENTARIO

 Ef 3,1-21 

La proclamación del misterio de Cristo, Cabeza de la Iglesia, no es una cuestión teológica más entre los contenidos de la predicación de San Pablo. Se insiste en que constituye el núcleo esencial de su misión (vv. 1-13), y por eso el Apóstol reza con singular intensidad para que esto se entienda (vv. 14-21).

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