COMENTARIO
«Me pongo de rodillas». Los judíos oraban por lo general de pie. Sólo en momentos de excepcional solemnidad hincaban las rodillas o se postraban en señal de adoración. El Apóstol, con este giro de solemnidad casi litúrgica, expresa la intensidad de su oración y la humildad con que la realiza. Constituye también una enseñanza de cómo los gestos corporales —genuflexiones, inclinaciones de cabeza, golpes de pecho, etc.— que acompañan a la oración deben ser manifestaciones sinceras de piedad. Hacen que el hombre entero, cuerpo y alma, muestre con sus palabras y gestos el amor filial que tiene a Dios.