COMENTARIO
La unidad de la Iglesia se mantiene por la acción de Cristo, que es su Cabeza, y suscita los ministerios para que todos puedan llegar a la madurez constituyendo, cada uno en su lugar y con sus tareas específicas, un único cuerpo, a cuyo crecimiento contribuyen todos. «Así como en el conjunto de un cuerpo vivo no hay miembros que se comporten de forma meramente pasiva, porque todos participan en la actividad vital del cuerpo, de igual manera en el Cuerpo místico de Cristo, que es la Iglesia, todo el cuerpo crece según la operación propia de cada uno de sus miembros (cfr Ef 4,16)» (Conc. Vaticano II, Apostolicam actuositatem, n. 2).