COMENTARIO

 Ef 4,17-32 

La vida nueva en Cristo es la condición que se exige a cada cristiano para contribuir al crecimiento del Cuerpo de Cristo. Esta vida nueva requiere despojarse de la vanidad y pecado anteriores a la conversión y revestirse de Cristo, el hombre nuevo, siendo fiel a Él en todo instante. «Si, pues, no hay más que un vestido salvador, esto es, Cristo, nadie llamará hombre nuevo, el que ha sido creado según Dios, a ninguno fuera de Cristo. Es, pues, evidente, que quien se ha revestido de Cristo se ha revestido del hombre nuevo, de ese hombre nuevo que ha sido creado según Dios» (S. Gregorio de Nisa, Contra Eunomium 3,1,52).

La primera consecuencia de la vida nueva es la práctica de las virtudes, que hacen posible y grata la convivencia entre los cristianos como miembros del mismo Cuerpo de Cristo (vv. 25-32).

Los cristianos no tenemos que huir del mundo para vivir conforme al Evangelio. Debemos, pues, esforzarnos por encontrar a Dios en la vida ordinaria, en el lugar donde se desarrolla el trabajo (v. 28), y transformar el mundo mediante el ejercicio de las virtudes cristianas, encarnando en nuestra vida la vida de Cristo, que se manifiesta especialmente en el perdón mutuo.

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