COMENTARIO

 Ef 5,3-5 

La corrupción de costumbres, por muy extendida que esté en el ambiente, debe ser combatida con toda energía, sobre todo con el ejemplo de la vida limpia, propia de quienes aspiran a la santidad, por ser templos del Espíritu Santo (cfr 1 Co 6,19) y miembros de Cristo (cfr 1 Co 6,15).

La advertencia del v. 3 también se podría traducir: «Ni se diga respecto de vosotros»; es decir, los cristianos han de vivir con tal esmero la castidad y las virtudes con ella relacionadas, que ni siquiera deben dar la más mínima ocasión a los extraños para acusarles de impuros.

Hemos de luchar, además, contra la avaricia, vicio por el que uno se hace esclavo del poder y del dinero, convirtiéndolos en su propio ídolo (cfr Mt 6,24). No debemos quedar atados en el uso de los bienes de este mundo: «El Señor no manda que tiremos nuestra hacienda y nos apartemos del dinero. Lo que Él quiere es que apartemos de nuestra alma la primacía de las riquezas, la desenfrenada codicia y fiebre de ellas, las solicitudes, las espinas de la vida, que ahogan la semilla de la verdadera vida» (Clemente de Alejandría, Quis dives salvetur 11).

Volver a Ef 5,3-5