COMENTARIO

 Ef 6,10-20 

Termina la carta animando vivamente a los fieles en su lucha contra el mal y haciéndoles conscientes de que disponen de las armas para triunfar. Empleando la imagen de la armadura militar, el Apóstol invita a todos a revestirse de la protección divina, para poder vencer los ataques del mal; y exhorta a la perseverancia en la oración, que solicita también por él y por su ministerio. Es una llamada a buscar la fortaleza en Dios: «Ser fuerte en el Señor es ser fuerte en la palabra, en la sabiduría, en la contemplación de la verdad y en todas las sentencias de Cristo» (Orígenes, Fragmenta in Ephesios 32). Por eso, entre los diversos medios sobrenaturales para luchar contra las asechanzas del enemigo se destaca la oración (v. 18): «“No nos ha sido prescrito trabajar, vigilar y ayunar constantemente; pero sí tenemos una ley que nos manda orar sin cesar” (Evagrio, Cap. pract. 49). Este ardor incansable no puede venir más que del amor. Contra nuestra inercia y nuestra pereza, el combate de la oración es el del amor humilde, confiado y perseverante» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2742).

El v. 12 habla de «principados», «potestades», «dominaciones de este mundo». Estos nombres están tomados de la literatura judaica de la época y designan aquí las fuerzas tenebrosas que se esfuerzan por mantener a la humanidad alejada de Cristo y asedian a los hombres por todas partes (cfr 1 P 5,8).

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